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martes, 4 de julio de 2017

Puerta Giratoria

Defraudación fiscal es el delito que para el presidente le calza a Mosquera, si es que recibir un millón de la “offshore” y cuenta secreta de Odebrecht fuere delito. Si no es cohecho, tráfico de influencia, ni otra de esas conductas que la gente identifica corruptas, el correísmo se mantiene libre de vinculación formal con el caso de la empresa brasileña.

Gracias a Dios estás vivo, le dicen al paciente que acaba de tener un accidente cuasimortal, connotando ese desenlace positivamente en comparación con la posibilidad de perder la vida. El presidente habló de varias conductas delictivas, relativizando y connotando implícitamente la una versus las otras.

Aunque se haga sutilmente y con el talento político que tiene el presidente, relativizar un delito al ponderarlo junto a otros equivale a hacer un juicio y corresponde en teoría al sistema judicial, a la hora de tramitar acusaciones y de imponer penas.

Todos los que leen estas líneas saben lo que significa la relativización del tipo penal, así como también que los jueces leen columnas de opinión.

Relativizo los hechos y los pongo en perspectiva. Con baños de transparencia y cambios legislativos como los que se vienen en todo el mundo, hubiera sido de esperar que la apología que hace el presidente de la ética revolucionaria sea complementada con algunas recomendaciones para el futuro.

Haría bien la Asamblea en aprovechar el trámite del Código Administrativo para introducir las reglas que otros países han incorporado en sus legislaciones para prevenir, identificar y sancionar mejor la corrupción. Una de esas, que ya en su momento un extitular del SRI de este gobierno amenazó con impulsar, supone que los funcionarios públicos no pueden haber atendido intereses privados en asuntos públicos varios años antes de entrar a la función pública, ni varios después. Lo contrario se conoce como “puerta giratoria” en el argot de la industria de la influencia.

El desafío es que impulsar una legislación así de revolucionaria coincida con las prioridades del momento.

viernes, 10 de marzo de 2017

Corrupción

Nos rasgamos las vestiduras todos los días clamando al cielo. Las telenovelas diarias van en torno a la corrupción material: el amarre de un contrato, el porcentaje de comisión o sobreprecio, el desvío de fondos, que alguien se comió un cheque o varios... Pero corrupción es también, según la Real Academia, el “vicio o abuso introducido en las cosas inmateriales”.

En la mejor universidad de Estados Unidos hay una cátedra muy popular que arranca confrontando a los alumnos a definir ejemplos de corrupción moral. El debate se enciende con temas en los que cada persona exige su derecho a pensar distinto: religión, sexualidad, o hasta la gratuidad de ciertos servicios públicos. Pero todos coinciden en que el trabajo infantil corrompe la niñez, al igual que obtener beneficios privados de un ente público corrompe al ente público.

Como si pudiera abstraerse de uno de los males más generalizados de nuestros tiempos, el Gobierno ecuatoriano niega empeñosamente que la corrupción encontrada en sus filas sea síntoma de un problema institucionalizado. Cierra los ojos ante la posibilidad de que el aparato estatal haya sido viciado en estos años de la revolución (¿aunque solo fuera más que antes?), concentrándose en la inevitable necesidad de puntuales incisiones. Hasta ahí todo bien, porque defender el buen nombre de los funcionarios honestos, que sin duda existen, resulta un imperativo ético.

Pero defenderse atacando a quienes denuncian la corrupción, discriminando responsabilidades entre corruptor y corrompido, prejuzgando de intenciones incluso antes de la presentación de pruebas, parece indicio de... corrupción inmaterial. Es lo que el profesor Sandel, aquel catedrático de Harvard cuya clase referí antes, enseña a distinguir.

Tantos argumentos y debates bizantinos sobre cuál corrupción cuesta más o si la culpa es del corruptor o del corrompido, solo parecen diluir un consenso global: terminar con la corrupción material solo es posible evitando primero que las personas, instituciones y los procesos creados para evitar y sancionar la corrupción, sean corruptos.

martes, 18 de diciembre de 2012

Es bueno

Es bueno que los periodistas norteamericanos, a pesar de lo que significa para el mito de la corrupción como un fenómeno cultural de los países en desarrollo, desvelen el modelo Walmart.

En la nota How Wal-Mart Used Payoffs to Get Its Way in Mexico, queda en evidencia el carácter deliberado y proactivo de la estrategia de corrupción y soborno que la empresa utilizó para torcer la ley, no para navegar en ella.