No es lo mismo que un candidato hable de competitividad y eficiencia que de la madre patria o del añorado pasado.
Las palabras propias del lenguaje racional-conceptual, como la eficiencia, la competitividad, el mercado o incluso el bienestar económico, corresponden a lo que antiguos filósofos llamaban tópicos clásicos. Como lo descubrieron hace 2500 años los estudiosos de la argumentación, las expresiones lógicas y cuantificables no movilizan a sus audiencias.